Los antibióticos (AB) son compuestos relativamente sencillos, producidos por bacterias u hongos que atacan específicamente a las bacterias. Interfieren en algún paso del metabolismo donde encuentran un blanco adecuado. Desde el descubrimiento de la penicilina, se han descubierto una docena de nuevos tipos de AB y optimizado o sintetizado cerca de una centena. Sin embargo, su eficacia se ha visto alterada por su uso excesivo o incorrecto, que conduce a la aparición y diseminación de bacterias resistentes (ABR). Estas ABR actúan impidiendo el ingreso, modificando o inactivando la droga, modificando al blanco, o activando los sistemas de enflujo. La gran capacidad de las bacterias de mutar y transferir genes, y la presencia de genes de resistencia esencialmente en plásmidos y transposones, contribuyen a su diseminación tanto entre bacterias emparentadas y/o patógenas como hacia bacterias no patógenas que son los reservorios de ABR. La sensación de haber perdido la batalla o de que las ganancias a futuro no son tan importantes, han disminuido el interés de los laboratorios farmacéuticos por buscar nuevos compuestos. Sin embargo desde la investigación básica aparecen nuevas alternativas ya sea utilizando la genómica como material de análisis de nuevos blancos, las defensas naturales del organismo huésped, u otros agentes olvidados como las bacterias predadoras y los fagos, ambos capaces de destruir bacterias.
Los antivirales
Los antivirales son un tipo de medicamento usado para el tratamiento de infecciones producidas por virus. Tal como los antibióticos (específicos para bacteria), existen antivirales específicos para distintos tipos de virus. No sin excepciones, son relativamente inocuos para el huésped, por lo que su aplicación es relativamente segura. Deben distinguirse de los viricidas, que son compuestos químicos que destruyen las partículas virales presentes en el medio ambiente.

Desarrollo de un antiviral
Los virus, están compuestos de material genético y, a veces, de algunas enzimas, envueltas por una cápsula hecha de proteína, y rara vez, cubierta por una capa lipídica. Los virus no se pueden reproducir por sí mismos y se propagan secuestrando células para que hagan el trabajo por ellos.
Para desarrollar los primeros antivirales, los investigadores cultivaron poblaciones de células y las infectaron con los virus objetivo. Entonces se introdujeron sustancias químicas, las que parecían tener un efecto se seleccionaron para un estudio mayor.
Este proceso consumía mucho tiempo, el procedimiento éxito-o-fracaso y en ausencia de un buen conocimiento de cómo trabaja el virus objetivo, no es muy bueno para el descubrimiento de antivirales que sean efectivos y tengan pocos efectos secundarios. No fue hasta los años 1980, cuando las secuencias genéticas completas de virus empezaron a desenredarse y los investigadores empezaron a aprender cómo trabajaban los virus en detalle y exactamente qué tipo de moléculas se necesitaban para atacar su maquinaria.
La idea general detrás del diseño de los antivirales modernos es identificar las proteínas virales, que pueden ser debilitadas. Estos "objetivos" deberían ser generalmente distintas proteínas o partes de proteínas en los humanos, para reducir la probabilidad de los efectos secundarios. Los objetivos deberían ser comunes para muchas variedades de un virus o incluso entre diferentes especies de virus en la misma familia, de tal manera que un único medicamento tendría una alta efectividad. Por ejemplo, un investigador puede tener como objetivo una enzima crítica sintetizada por un virus, pero no el paciente, que es una variedad común y se ve que puede interferir en su operación.
Una vez que se han identificado los objetivos, se pueden elegir los medicamentos candidatos, de los medicamentos ya conocidos que tengan efectos apropiados o designando el candidato a nivel molecular con la ayuda de un ordenador y un programa de diseño.
En ambos casos, los candidatos pueden ser sintetizados tapando el gen que sintetiza esa proteína en bacterias u otro tipo de células, Las bacterias o las células son cultivadas para la producción en masa de las proteínas, que pueden ser seleccionadas por tecnologías de "ocultación rápida" para ver qué candidatos son más efectivos.

Resistencia a los medicamentos
El VIH puede volverse resistente a los medicamentos que se utilizan para tratarlo. Esto quiere decir que el virus se transforma de tal manera que hace que los medicamentos sean ineficaces. Esto puede ocurrir debido a que las personas no están tomando regularmente sus medicamentos -- tal como se los recetaron -- o cuando la combinación de medicamentos no es lo suficientemente potente para mantener baja la carga viral. Existen dos grandes preocupaciones cuando las personas desarrollan una resistencia: que el tratamiento fracase y que se agoten las opciones para tratamientos futuros.
Cuando uno o más medicamentos en un régimen dejan de funcionar, el VIH se reproduce a un mayor ritmo. Si una persona no se cambia a un nuevo régimen, esto puede dañar el sistema inmunológico y acelerar el avance de la enfermedad. Un aumento en la carga viral es a menudo la primera señal de resistencia a un medicamento. Por esto, es importante hacerse pruebas frecuentes de carga viral -- por lo menos cada tres meses.
Desarrollar resistencia a un medicamento puede a veces significar que otros medicamentos no vayan a funcionar igual de bien. A esto se le llama resistencia cruzada.
El VIH puede volverse resistente a todos los medicamentos que existen para tratarlo en la actualidad. Sin embargo, algunos medicamentos son más potentes que otros, y puede tomarse más tiempo para desarrollar la resistencia. Las dos claves para prevenir la resistencia son:
1) utilizar un régimen potente.
2) tomar a tiempo y según las indicaciones las pastillas del régimen.
"Autorizado para medicar"
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